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Elinor Ostrom | Protectora de las aguas comunes, embajadora de los montes compartidos

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(Artículo publicado en el número 21 [julio 2012] de la revista ATLÁNTICA XXII).

Hace unos días murió Elinor Ostrom. ¿Sabéis quién era Elinor Ostrom? Era alguien que, probablemente, pasó buena parte de su vida sintiendo que casi todo el mundo a su alrededor se equivocaba.

A su alrededor, lo que se decía es lo mismo que nosotros escuchamos casi a diario en estos días: que no hay suficientes recursos, y que, ante la escasez , el hombre recuerda que es un lobo para el hombre. Y, sobre todo, que para asegurarnos de que ese hombre-lobo, lobo-hombre, no saque los dientes, necesitamos más reglas, más control. Que nosotros no sabemos y por tanto debemos, para salir de esta, tener miedo y obedecer.

Elinor, sin embargo, se dedicó a demostrar que sí sabemos. Investigó otro modo de interacción posible entre las personas y los recursos, segura de que bosques, ríos o campos pueden ser mejor aprovechados si los gestiona la propia gente que los usa que si son llevados desde los despachos de Gobiernos o empresas. Elinor dijo que entendernos y organizarnos es, contra la opinión general, más eficaz que obedecer.

¿Sabéis quién era Elinor Ostrom? Ostrom era, quizá ya os habréis dado cuenta, una economista. Cuando se comienza a explicar a alguien la economía, suele recurrirse al origen etimológico de la palabra. Los griegos que decían economía no pensaban en beneficio ni en crecimiento: para ellos la palabra remitía a la administración de una casa o una familia. Se trataba, entonces, de repartir y conservar, no de acumular. Se trataba de conseguir la situación más habitable de entre las posibles. En algún punto del tiempo entre entonces y ahora, parece claro que eso se perdió: economía dejó de referirse al mundo como una casa para entenderlo como un granero.

Desde la California de finales del siglo XX, Elinor se desmarcó de sus contemporáneos para poner en duda el que había sido (y aún es) uno de los dogmas de la economía liberal: la llamada «tragedia de los comunes». Se trata de la idea de que si un recurso no está sujeto a la propiedad privada o estatal será, inevitablemente, esquilmado hasta el agotamiento por los usuarios, que antepondrán su ansia de poseer a la racionalidad de hacerlo durar. A Ostrom, algo no le encajaba en esta teoría. Empezó entonces a visitar tribunales de aguas, pastizales colectivos, bosques comunes. Y lo que vio al estudiarlos fue que la propiedad colectiva de los recursos no solo no llevaba a su derroche y malversación, sino que los hacía durar más, los distribuía mejor y tenía menos consecuencias ecológicas nocivas que la gestión por parte de instituciones externas. Claro que, como los antiguos griegos de vocación doméstica, Elinor estaba pensando en repartir y conservar, no en crecer ni en ganar. Desde esa perspectiva, veía que la cooperación es más satisfactoria y motiva más que la servidumbre. Por la vía del mutuo compromiso y la mutua supervisión, los bienes comunes aparecían como salvaguarda (y no como riesgo) para la tarea de buscar el bien común.

Elinor, que por su formación no era economista sino politóloga, fue la primera mujer (y única por el momento) que ganó el premio Nobel de Economía. Fue en 2009, cuando ya se le veían brillar los colmillos a los discursos de crisis que ahora mismo se dan por sentados; y fue precisamente por su teoría de la gobernanza de los bienes comunes. Sin embargo, en estos tiempos mediados por el miedo, el conocimiento y la práctica a menudo no van juntos. Desde 2009, la situación económica no ha hecho sino empeorar, según sostienen quienes llevan las riendas del discurso; pero nadie se acuerda de lo que decía Elinor.

Lo que Elinor Ostrom decía era que, frente a la escasez de recursos, una buena estrategia podría ser dar un mayor control sobre ellos a las gentes, reducir y limitar instituciones estatales y privadas a favor de mecanismos comunales de gestión.

Lo que Elinor decía es que el mundo no es nuestro granero, sino nuestra casa.

¿Sabéis quién era Elinor Ostrom? A los efectos de este artículo, podemos decir que sobre todo un símbolo. En un tiempo en el que los canales se privatizan aunque quienes beben su agua tengan mejores ideas para ellos; en un tiempo en que se salva a instituciones mientras se suelta la mano de las personas; en un tiempo en que se repite casi a diario que para salvar los servicios sociales es necesario ponerlos en manos de empresas… ha muerto Elinor Ostrom, protectora de las aguas comunes, embajadora de los montes compartidos.

Y convertimos la casa entera en un granero.

Y el granero se vacía.

Y vemos cómo los campos de trigo van teniendo, cada vez, los muros más altos.

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